Capítulo IV, Marketing No Sustentable.

Temprano en la mañana la gerenta de marketing me solicitaba reuniones en forma desesperada. Estaba claro, ella ya sabía que mi esposa me había echado de la casa y que yo estaba viviendo en un hotel. Como esa mañana tuve muchas reuniones, el encuentro no ocurrió sino hasta después de almuerzo.

Por otro lado, recibí un mensaje de mi esposa que decía "cualquier opción de reconciliación pasa porque hagas un gesto, despedir a la gerenta de marketing", lo cual me ponía en un problema y a pesar de lo que piense la mayoría me alegraba, ya que resolver problemas y desafíos es una gran fuente de placeres para mí.

La reunión con la gerenta de marketing duró sólo 5 minutos, ya que por un lado tenía una agenda bien copada y por otro no sabía cómo resolvería el problema de modo que no quería exponerme a cometer errores. Acordamos que esa noche cenaríamos en su departamento.

Eran casi las nueve de la noche cuando llegué al edificio de la gerenta de marketing, subí por un ascensor de paredes de vidrio que mostraban una vista panorámica de la ciudad. Me sentía raramente nervioso, de seguro era porque quería que no pasara nada con ella, pero no sabía si podría resistir la tentación. Justo a la hora acordada, como buen caballero que soy, tocaba el timbre de su departamento y ella abría luciendo hermosa. Como buena gerenta de marketing había trabajado muy bien sus "4P" y al darme la espalda puede ver que había trabajado también una quinta "P". Era notorio que se había arreglado todo el día, por esto lo que primero que se me vino a la mente fue que no trabajó ese día y que debería descontárselo de su sueldo.

Nos sentamos, me sirvió una copa de espumante rosé y me hizo un cariño en la mejilla, a cada minuto disminuía la probabilidad de que no pasara nada, quizás hasta podría terminar subiéndole el sueldo. Ella sabía que me habían echado de casa y dijo que creía era una señal de nuestro destino, estábamos hechos para vivir una vida hermosa juntos. Mientras ella hablaba yo sólo veía sus curvas y tenía ganas de decir a todo que sí para seguir la conversación en el dormitorio.

Por primera vez en la vida escuché una vocecita, o llamémosla conciencia y me decía que no debía caer en tentación, pero al ver a la hermosa mujer tan bien producida, a ratos la vocecita se dejaba de escuchar. Después de un rato me decidí y la interrumpí "volveré con mi esposa", le dije. Ella me dijo que no le importaba y ya estábamos aquí así que deberíamos aprovechar, hizo un gesto con el rostro señalando en dirección al dormitorio. En un principio me dije que ya había hecho suficiente y ya no podría aguantar más, pero recordé el brillo en los ojos de mi esposa el día anterior y sacando fuerzas no sé de donde le dije "No, esto llega hasta acá, cuando partimos sabíamos que esto tenía fecha de vencimiento".

Ella se puso furiosa, me dio vuelta su copa de espumante en la cabeza y dijo "eres un mamón y escucha bien eres pésimo en la cama, me deberían dar un Oscar por fingir tantos orgasmos". Más enojada aún me dijo "esto no te va a salir gratis maldito bastardo", ante lo cual se activó mi neurona negociadora y le dije "me parece bien, creo que debemos negociar tu salida".

Ella sacó sus garras y me dijo "quiero trabajo como gerenta de marketing en otra empresa y cuatro sueldos por año como indemnización", ante lo que respondí que conseguiría un sueldo y medio por año, la dejaría trabajando en una buena empresa como gerente de marketing y además le daría una asesoría por cuatro meses. Ella sonrió y me dijo que con dos rentas por año teníamos un acuerdo, rápidamente accedí diciendo “cerrado y ahora me voy”.

Al despedirme dijo que era mentira que era pésimo en la cama, todo lo contrario era genial y le encantaría nos despidiéramos en su dormitorio. Después de la falta de respeto de darme vuelta una copa en la cabeza no tenía ganas de nada, por lo que fríamente le dije que la despedida ya estaba hecha y me fui rumbo al ascensor. Bajando por este veía las luces de la ciudad con una sensación de tranquilidad, había cerrado un capítulo de mi vida que involucraba una relación con la gerenta de marketing de la empresa que administro.

Manejando en dirección al hotel pensaba en lo que me había ocurrido en tan pocos días, todo era muy fuerte y también era señal que dentro de mí se estaba produciendo un cambio.

En el bar del hotel el barman me dijo que por el olor se notaba que me habían dado vuelta un trago en la cabeza, “el cambiarse los pantaloncitos apretados no le trajo suerte amigo mío”, dijo el muy confianzudo. Me tomé un ron y me fui a la pieza a pasar otra noche solo, antes de acostarme mandé un mensaje a mi esposa diciendo que la amaba y la extrañaba. Segundos después escuché el sonido de que el mensaje había sido leído, por lo que esperé un rato su respuesta pero no llegó.

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