El auto se detuvo de nuevo. Era tarde. Debían ser al menos las cinco de la mañana. Lali y Peter Lanzani se bajaron del auto. La comedia ya había terminado. Peter sacó las llaves de la casa. Era muy bonita y a estrenar. No era muy grande, pero tenía dos pisos, por lo que el espacio se duplicaba. Tenía una gran entrada con una bonita y enorme lámpara de araña. Lali la odió desde el momento en que la vio. A la derecha la sala de estar. A la izquierda el comedor y la cocina. Al fondo las escaleras para subir al segundo piso. Cinco habitaciones, dos cuartos de baño y una de ellas con baño privado. Era la única que estaba amueblada. Evidentemente era la del matrimonio. Todas las demás habitaciones estaban vacías. Mariana pensó con alarma que seguramente sus padres pensarían que las llenarían de hijos. En esos momentos en la casa solo estaba amueblada la cocina, la sala de estar y el dormitorio del matrimonio. A Mariana le gustó el cuarto, aunque jamás lo admitiría en voz alta. Estaba cuidado al detalle aunque lo sentía extraño. Las paredes pintadas de un cálido color amarillo pastel. Cama de matrimonio de metal con dosel. De esas antiguas tan lindas. Armario con vestidor. Tocador. Mesitas de noche a ambos lados de la cama. Una chimenea francesa con una butaca frente al fuego. Y el baño era grande, alicatado en tonos amarillos, de estilo moderno con una ducha y una bañera. Peter y Lali se quedaron allí sin saber muy bien qué hacer. Abrió la puerta del armario y vieron toda su ropa colocada. O casi toda. Mariana agarró su pijama. Al abrir el cajón de su ropa interior se sonrojó. Encontró mucha lencería de encaje que ella antes no tenía. Y por supuesto que no pensaba permitir que Peter se la viese puesta. En el baño encontró con que la mayoría de sus cosas estaban en su lugar. Eso resultaba casi macabro. Se sacó con venganza el vestido de novia. Tardó mucho en sacarse la joyería, el maquillaje, en deshacerse el moño y después entró en la ducha. Se bañó con su gel de olor a flores y salió. Se puso el pijama. Una camiseta de tirantes y pantalón corto. Hacía demasiado calor. Se echó un poco de colonia y salió del baño. Después de que ella se bañase, lo hizo Peter. Mientras tanto ella bajó a la cocina. En el frigorífico había comida. Agarró una tarrina de helado de chocolate belga, su favorito. Apenas había cenado y sentía hambre. Se sentó en la butaca que había frente al fuego y comenzó a comer el helado. Intentaba evitar lo evidente, pero no quería dormir esa noche con Peter. No quería despertarse y que su cara fuese lo primero que viera.
- Yo… mejor dormiré en la sala- dijo Peter cuando salió del cuarto de baño- Buenas noches. Feliz luna de miel.
Cuando la tarrina de helado se acabó, Mariana la dejó a un lado y caminó hacia la cama. Se acostó sobre el lado izquierdo. No había nada que la hiciera sentir una ligera sensación de familiaridad. Apagó la luz de la lámpara de la mesita de noche. Un par de lágrimas salieron de sus ojos. Solamente esperaba no tener que seguir con esa farsa mucho tiempo.
Mariana nunca había sido una mujer perezosa. Le gustaba aprovechar su tiempo lo máximo posible. Por eso cuando se despertó aquella mañana de Lunes no dudó en levantarse. Todavía era bastante temprano pero le daría tiempo a ducharse. Entró en el cuarto de baño y se quitó el pijama. Entró dentro de la ducha y dejó que el agua templada, cayese sobre su cara. Ese Sábado se había casado con Peter Lanzani. El Domingo ni siquiera le había visto. Sabía que había salido porque no estaba su auto pero nada más. Tampoco era que le interesase. Estaba nerviosa. Era la primera vez que iba a trabajar para su papá. Carlos Esposito tenía múltiples negocios y uno de ellos era un laboratorio en el centro de Tigre. Al principio se había dedicado solamente al análisis de agua, pero había ido creciendo y creciendo. Mariana se recogió el pelo en una especie de moño porque ese día prometía ser caluroso Se puso unos pantalones negros de mezclilla, una camisa blanca de manga corta y zapatos de taco. Agarró su bolso de piel negro y bajó las escaleras. La puerta de entrada a la sala estaba cerrada. Ni siquiera se molestó en ver si estaba Peter. Él también debía empezar a laburar ese día. Salió de la casa y vio el flamante auto de su papá. Como siempre, Alejo manejaba y Carlos iba en el asiento trasero. Mariana se subió.
- Buen día cielo- dijo Carlos Esposito con una sonrisa- ¿Qué tal el fin de semana? ¿Preparada para tu gran día?
- En absoluto- dijo Mariana.
- Para que te animes y me perdones por lo de la boda, tengo una chuchería para vos.
- Papá, no quiero una chuchería. Quería ser libre. Libre para elegir. Pero vos me sacaste ese privilegio.
- No refunfuñes. Te va a gustar cielito.
Carlos siempre la llamaba cielito cuando intentaba apaciguar las cosas con ella. De camino al laboratorio se detuvieron en un lugar. Era un concesionario de autos. De la Wolkswaggen. Mariana en seguida supo qué era. Tenía un viejo golf que utilizaba para ir y venir. Su papá se lo había comprado para que aprendiera bien a conducir. Y le había prometido que cuando acabase la universidad, le regalaría uno. A Mariana le gustaba mucho el “New Beetle”. Le parecía tan cuco y manejable. Y allí estaba frente al auto de sus sueños. Un Beetle cabrio descapotable en color azul marino. Lindo, reluciente y con olor a nuevo esperándola. Mariana se paseó alrededor de él. Tenía la tapicería de color gris. Los mandos eran totalmente diferentes a los de su viejo golf.
- Súbase, señora Lanzani- dijo el hombre del concesionario.
Aquello fue como un latigazo para Mariana, pero no se iba a mostrar débil delante de su viejo. La bronca que tenía con ella respecto a lo de la boda era más fuerte. Mariana abrió la puerta del piloto. Vio que no llegaba con los pies a los pedales y que el asiento estaba demasiado bajo para su gusto.
- Qué decís entonces- dijo Carlos- Es todo tuyo. Podés pasar a recogerlo cuando querás.
- Está bien- dijo ella ambiguamente.
- Pero qué… Lali… te conozco hija…
- A mi no se me compra con dinero ni con regalitos caros. Si vas a querer que te perdone, tendrás que hacer algo más que regalarme un auto.
- Cómo sos…- dijo Carlos rodando los ojos- ¿Cuándo crees que pasarás a recogerlo?
- Supongo que a la salida del trabajo podría agarrar un remix hasta acá.
- ¿Y por qué no le pedís a Peter que te traiga?
Gruñí y salimos otra vez del concesionario. Nos subimos en el auto de papá y Alejo nos llevó al laboratorio.

Proximo capitulo, Miercoles 26 de Noviembre, no te lo podes perder!

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